jueves, 10 de enero de 2013

“Tocar con Fito tiene la exigencia y el aprendizaje de una Universidad”


Dizzy Espeche, guitarrista de Fito Páez, nos cuenta cómo es tocar con el rosarino y todas las cosas que fue aprendiendo en estos años. También nos habla del sueño de haber formado su Power Trio y de todos sus proyectos como músico.


Mientras el sol y el calor de Buenos Aires no daban respiro, Dizzy nos recibió en su casa en La Paternal, que oficia también de “bunker musical” para el artista. Allí se percibe una atmósfera que denota la pasión del guitarrista por su profesión. 
Las armonías y los solos de Hendrix dan vueltas sobre una bandeja de su cuarto mientras nos muestra una a una todas sus guitarras y sus pedales de efecto. Su humildad y su pasión se amalgaman para hacerte sentir uno más dentro de su mundo. Los discos terminan de decorar la escena donde solo hay lugar para la música.
Recorriendo el pasillo de su casa, una gran habitación hace las veces de sala de ensayo y alberga distintos amplificadores, algunos estuches y una improvisada batería. Allí Dizzy ensaya con su Power Trio y explora su sonido. 
Con su amplificador encendido y un puñado de pedales, entre consejos e intercambios, los solos del guitarrista van elevándose, así como lo hacen los autos que cruzan el puente de la Avenida San Martin y que parecen mirar de reojo por la ventana de su casa como van multiplicándose los sonidos provenientes de su Stratocaster.
Conforme con su sonido y habiendo elegido las guitarras que llevará a sus shows por la provincia de San Luis, comenzamos a explorar sus vivencias como músico.

¿Cómo comenzó tu idea de ser guitarrista?

Yo quería tocar la batería cuando tenía 11 años. Me acuerdo que estaba en 6ª grado y en ese momento vivía con mis viejos en un departamento y al principio me dijeron que me busque un profesor pero después me frustraron un poco por vivir ahí. Luego me enteré que un tío tenía una guitarra criolla en un armario y no la usaba. Me la regaló y yo no podía creer tener en mis manos un instrumento musical. Ahí comencé a ir a clases de guitarra en un Instituto de Villa del Parque, donde después terminé dando clases.
Con el tiempo me compré una guitarra eléctrica y mi viejo me compró un equipo. Y al tiempo lo cambié por un Marshall Valvestate que lo reemplacé hace poco. En el 2005 lo entregué en parte de pago, puse guita encima y me compré el Marshall Bluesbreaker que tengo ahora. También, en aquel momento una prima me prestó su tarjeta de crédito y pude comprarme una Epiphone Les Paul Custom Koreana. Allí ya comencé a tocar con gente de la secundaria y gente del barrio. Por ejemplo, toqué en una banda que se llamaba “Artemisa”. Todo ese año toqué por los bares de Villa del Parque y Devoto con unos tipos que eran más grandes que yo. Hacíamos Blues y era lo único que tocaba ya que un profesor me había pasado una pentatónica y en las clases era todo “zapar”. Mi profe tocaba la batería, otro alumno el bajo y yo improvisaba arriba con la pentatónica.


Imagino que Hendrix fue tu principal influencia…

Escuchaba Hendrix a full. A eso de los 13 años lo descubrí y aluciné. También me pasó con B. B. King, con Steve Ray Vaughan y con todos esos violeros. Yo empecé más escuchando a los Stones, a los Beatles, a Creedence y me copaba con eso. Después ya descubrí a  esos violeros y me copé con eso. Me agarró luego la etapa de querer tocar jazz y estudié con un par de profesores. Fui a unas clases, aún cuando vivía en Santos Lugares, con Ricardo Pellican. Recuerdo que me tomaba el tren cada 15 días e iba. Era muy groso y recién ahora empecé de nuevo a agarrar los libros y los cuadernos que él me pasaba. Yo no entendía nada, era mucha data para mí. Él me hacía estudiar mucho y yo era muy vago para estudiar. Era muy difícil a los 17 asimilar toda la data que me tiraba y recién después de los 20 fui asimilando algo. También estudié con Jorge Puig, que toca mucho tango y me enseñó a escribir y a leer música, cosa que yo no sabía. Tomé clases también con Tito Penchi y hace unos años con Miguel Tarzia, Lucio Balduini y con Ramiro Penovi, que me enseñó mas jazz clásico.


¿Fue difícil comenzar a tomar la música como un trabajo e insertarse en ese medio?

Me acuerdo que en el 2002 empecé a laburar con la música, tocando en evento, con Ángel Duarte que es el primo del Negro García López. Ahí tocaba la guitarra un amigo mío que se cansó y empecé a tocar yo. Tocábamos siempre en el “Quilqueni” que está en el bajo, en Capital. Con esta banda tocábamos en eventos, casamientos, cumpleaños y en bares. Me pagaban una miseria pero era mi primer y único laburo que empecé a tener con la música. Después a la banda se sumó John Fleitas, que es un uruguayo, un moreno, y trajo a toda su familia que cantan muy bien y tienen muy buena presencia en el escenario. Allí comenzamos a tocar mucho y tuve mi primera gira por el interior. Eso ya habrá sido por el 2002 y tocábamos en los Casinos, en todos lados. Fuimos a La Pampa, a Neuquén y cuando íbamos a ir a Misiones no pude ir porque yo había empezado a tocar con Emmanuel Horvilleur.

¿Cómo se dio el proceso cuando comenzaste a tocar con Emmanuel Horvilleur?


En realidad primero me llamó Dante Spinetta para tocar, porque tengo un amigo que se llama Federico Bosio que tiene unas salas de ensayo por Villa Urquiza y, como yo ensayaba ahí con una banda de jazz fusión, me contactó con él. Dante había grabado un disco y tenía unos shows en México. Con él tocaba Nicolás Ibarburu que se tuvo que ir porque lo llamó Fito Páez y ahí fue que me quiso probar. Entonces fui, me probé, pero yo tenía mucho miedo y era la primera vez que tocaba con alguien así, con el hijo de uno de los ídolos del rock. Yo ni siquiera tenía una buena guitarra. Tenía una Stratocaster china que se me había roto y depende cómo se movía el mástil se afinaba. Fui con esa guitarra y con unos pedales que me prestó un amigo, que ni siquiera sabía usarlos, y toqué dos temas que me mandó a sacar y fue un fiasco. Dante me dijo que en ese momento había hablado con el Pingüino Verdirame y que él se iba a sumar a su banda. Yo tenía la sensación que además tampoco le gustó como había tocado ese día. En ese momento los hermanos Jacinto, que son amigos, me comentaron que estaban grabando el disco solista de Emmanuel y que estaban armando su banda. Lo estaban probando a Gaspar Benegas, pero él estaba en otro plan, y me llamó a mí para que me pruebe. Recuerdo que fue un domingo que me iba a ir a Hurlingham a tocar con unos amigos y justo me llama Juan Jacinto y me dice “estoy acá con Emmanuel y quiere hablar con vos”. Emma me preguntó si podía ir y colgué a mis amigos y me fui directamente. Era una época donde laburaba de fletero con unos chinos o taiwaneses que repartían volantes de los restaurantes o supermercados de todo Capital Federal y Gran Buenos Aires y aprovechaba el reparto para ir escuchando el cassette que me pasó Emma con los temas que tenía que ir sacando. Llegó un momento que tuve que dejar de trabajar con los fleteros porque empezaron a  venir shows y ensayos con Emma. Paralelamente tenía otros proyectos también. Laburar con la música era todo nuevo para mí. Emma me prestaba unos equipos y unas violas tremendas. También empecé a laburar haciendo comerciales y cobré un dinero que me sirvió para comprarme una guitarra. Me acuerdo que fui y le dije a Emma “Tengo 1500 dólares y no sé qué hacer” y él me dijo “Comprate una viola, negro, no te puedo andar prestando las violas toda mi vida” y me acompañó al centro a buscar alguna. Ese mismo día vimos una Gibson Firebird y la compramos. Es una viola muy llamativa y no hay muchas. Me la dieron con el pickguard roto y un estuche todo roto que parecía un ataúd. No lo podía creer, era una cosa impresionante. Vos tocabas y afinaba en todos lados, el sonido tenía cuerpo. Era mi primera viola “clase A” y aún hoy la tengo y me parece impresionante. Con Emma tuve la experiencia de grabar discos y cuando empezamos a grabar “Amor en polvo”, en el medio, me llamó Fito y tuve una reunión con Emma para contarle.


¿Cómo fue entrar al mundo Páez?

En el verano del 2010, cuando Fito armó la banda para “Confiá”, me probó y quedé. Primero ensayamos con la banda y con Diego Olivero que es el director y después apareció Fito y ensayamos con él. Fito es un tipo muy exigente y yo lo valoro muchísimo. Es como una escuela de aprendizaje. Yo siempre digo que los ensayos y las primeras bandas de barrio fueron como ir a jardín y preescolar, tocar con Emma era como la primeria-secundaria y tocar con Fito es como ir a la Universidad. Hay otro nivel exigencia mucho más grande y es todo como más profesional.
De lunes a viernes ensayábamos con Fito y los fines de semana me iba a la Costa para tocar los últimos shows con Emma. Pasado febrero empezó a venir Fito a los ensayos y el nivel de exigencia era mayor. Me acuerdo que en el último ensayo ya nos avisaron que había que salir a tocar y debutamos en Morón en un evento gratuito. Pegado a eso empezó la gira: Honduras, República Dominicana, Costa Rica y México. Fue un stress tremendo. Yo nunca había tenido ese training. Tocar muchos temas que jamás había escuchado ni tocado, a un ritmo muy arriba, muy profesional, viajar en avión, ir de un lado a otro… Todo eso me produjo un stress grande y me acuerdo que tuve un par de shows que casi me desmayo del cansancio porque no dormía. Pero por suerte lo superé y salió todo bien. Era una mezcla de stress y alegría porque eran los primeros shows que hacía con ¡Fito Páez!, uno de los pilares de nuestro rock.


¿Cuáles son tus proyectos actualmente?

Ahora estamos en vacaciones y parece que Fito tiene planeado grabar un disco. Yo también estoy pensando en grabar el disco de mi trio, que va a ser el primer disco de la banda.
Tengo ahora tres fechas en San Luis que me consiguió Martín Barroso. Mi banda es “el sueño del pibe”, porque yo siempre quise tener un Power Trio y hacer canciones. Armé en el 2011 el Dizzy Espeche Trio y toco con Javier Martínez en batería, que es un batero increíble que conozco desde que tengo 12 años, y con Pablo Paz en bajo. Los pibes tocan re bien y yo estoy muy contento.

También tuviste muchas participaciones en otros proyectos…


En 2007 empecé a grabar con Rafa Aracaute y siempre hay algún músico que me llama para grabar algunas violas pero me cuelgo o me olvido. Me acuerdo que grabé las guitarras en el disco de un español que se llama Chema Vargas, que hace unas canciones buenísimas y ese disco se editó en España. Ese disco se llama “Corazones raros”, donde grabé con Alejandro Castellani y con Mariano Dominguez (bajista de Kuryaki, que ahora comenzará a tocar con Andrés Calamaro). Grabé con Tony 70 el disco “Sonrisas”. Grabé un tema en el primer disco de Ser, que se llama “Hagamos lio” y con Fito en “Canciones para Aliens” y en este último DVD/CD de los 20 años de “El amor después del amor”. Fui también coautor de un corte de difusión del disco “Mordisco” de Emmanuel Horvilleur que se llama “19”, donde canta Gustavo Cerati.
En el 2009 también comencé a producir discos. El primero fue de una banda marplatense llamada “+PLUS”. Ahora estoy produciendo el disco de Luciana Giordano.

Y siempre estás dando clases…

A la vez, siempre doy clases desde que tengo 18 años. Estoy a full con eso y cuando no hay shows me sirve para subsistir. Así que el que quiera puede escribir a dizzzi@gmail.com.


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