viernes, 15 de noviembre de 2013

Rápido y furioso

Yngwie Malmsteen brindó anoche en el Teatro de Flores un concierto contundente donde presentó su último disco “Spellbound” y repasó muchos de los clásicos de su carrera.

El guitarrista sueco Yngwie Malmsteen repasó su carrera anoche en el Teatro de Flores. En un show de una hora y media, interrumpido por un inconveniente con un espectador, pudo relucir toda su técnica y destreza sobre las 6 cuerdas.

Al ingresar al Teatro ya se tomaba conciencia de la potencia que tendría Malmsteen sobre sus espaldas. Una tonelada de equipos que casi no dejaban lugar al resto de los músicos. Sus 17 cabezales Marshall de distintos modelos y sus 13 cajas de 4 x 12 dibujaban un sobrio pero imponente fondo.

Luego del show de Arpeghy todo quedó listo para un nuevo show de Malmsteen en Buenos Aires, luego de 6 años. La adrenalina y ansiedad del público se amalgamaron con la temperatura ambiente y por momentos el calor era sofocante.

Un Teatro con entradas agotadas explotó antes los primeros lick´s de Malmsteen que se escucharon con el músico aún detrás de escena. El sueco tocó un pequeño fragmento de “Voodoo Child” de Jimi Hendrix y saltó enérgico al escenario para unirse al baterista Patrick Johansson, al bajista Bjorn Eaglen y al cantante y tecladista Nick Marino.

“Rising Force” fue la primera canción de la lista de temas que sólo contuvo dos del último disco: "Spellbound" y "From a thousand cuts". Durante los primeros dos temas, donde se pudieron tomar las fotos del concierto, Yngwie posó una y mil veces para los fotógrafos y mostró su experiencia en escena.

Sonaron uno a uno los himnos de Yngwie: "Demon driver", "Badinerie", y "Far beyound the sun", mientras el sonido buscaba acomodarse como en casi toda la noche.

La idiotez también fue protagonista de la noche. Ya terminando “Baroque´n roll”, de su disco Attack, alguien desde el público arrojó un zapato que le rozó la cara a Malmsteen. Éste se inmutó ante el golpe pero en ningún momento dejó de tocar ni detuvo. Una vez terminada la canción se acercó para darle indicaciones a su bajista y se retiró hacia los camarines. El bajista Bjorn Eaglen, que ofició de vocero del sueco durante toda la noche, anunció algo que luego repitió el personal de seguridad del Teatro: “hasta que no aparezca la persona que tiró el zapato el show no va a continuar”. El clima se fue tensionando a medida que pasaban los minutos, pero por suerte el arte y el talento vencieron a la ignorancia y Malmsteen volvió nuevamente al escenario con la mejor energía y el mejor humor.

"Dreaming (tell me)", una de las mejores baladas de Malmsteen, fue muy bien interpretada por Nick Marino en voz y teclados. El virtuosismo se haría presente en "Rise up", "Trilogy suite op. 5" y en “Blue”. Los momentos clásicos tuvieron su espacio y “Fugue” formó parte de la noche, rememorando el "Concerto Suite for Electric guitar and Orchestra" registrado en 1998.

Patrick Johansson, el joven baterista que acompaña a Yngwie en su gira, tuvo su fragmento para un virtuoso solo.

En el último tramo del concierto sonaron "Heaven tonight", "I`ll see the light tonight" y el bis "Good night see you" que marcó el final que todo Flores coreó al unisono.

Una noche de virtuosismo y velocidad, opacados por la furia de Malmsteen ante la ignorancia de un espectador, dejaron en claro por qué el sueco es uno de los mejores guitarristas del mundo.



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