viernes, 18 de enero de 2013

“Un baterista tiene que entender que no está solo, sino que está creando un momento mágico con sus compañeros”

Gustavo Rowek es un baterista que lleva años tocando heavy metal en nuestro país. Comenzó con V8 cuando el metal escribía las primeras páginas de su historia y se asentó con Rata Blanca participando del disco más exitoso de la banda. Hoy, a 25 años de “Magos, espadas y rosas”, se reencontró con sus viejos compañeros y volvieron a tocar aquellas canciones consagradas. Paralelamente participa de muchos proyectos, entre los cuales se destacan su banda solista “Rowek” y el Tributo a V8.



¿Cómo comenzaste a tocar la batería?

Comencé a tocar a los 16 años por intermedio de un amigo que me vio las dotes ya que era el percusionista de la división. O sea, era el que rompía las bolas debajo de las chapas de los asientos. Así que fue un amor a primera vista, me senté y no me levanté nunca más.

¿Cómo era el heavy metal en el país en un momento donde ustedes daban los primeros pasos?

Era todo bastante complicado para la música en sí, más aun para el heavy metal, que de por sí aún no existía acá como movimiento. Así que éramos perseguidos, los shows a menudo no terminaban o se armaba conga, pero aún así pude salir indemne, y el hecho de que V8 haya grabado su primer disco le dio identidad propia al heavy metal.


¿Cómo fue pertenecer a un movimiento pionero del heavy en argentina?

Esa pregunta es difícil de contestar porque, como digo siempre, uno no sabe que va a hacer historia. Simplemente vivís ese momento y es la historia la que se encarga de poner las cosas en su lugar. Por eso nosotros simplemente vivíamos el momento, no sabíamos que estábamos cambiando la historia, al menos del heavy metal en la argentina.

¿En qué crees que creció la escena heavy del país y qué cosas aún no han podido evolucionar?

El género ha crecido de todas las formas posibles: desde lo musical, desde lo que genera, desde los productores, etc. Creo que sólo quedan nichos fundamentalistas que cuando una banda comienza a hacer bien las cosas y empieza a ganar espacios que le son ajenos al heavy metal dicen “uy, se vendieron, ya no son de verdad”, etc. Y así el movimiento se vuelve a contraer a la espera de otra banda que haga bien las cosas y así sucesivamente. El día que superemos ese complejo el heavy metal va a terminar de ocupar el espacio que verdaderamente merece ocupar.


¿Cómo fueron las épocas de Rata Blanca donde grabaron el disco más exitoso?

Muy locas. Siempre digo que, salvando las distancias, fuimos los Beatles por un par de años. No podíamos caminar por la calle, teníamos que salir con un cordón de gente de  los shows a la combi. Fueron vueltas por todo el país, por Latinoamérica, por el mundo. Mucho éxito, algo hermoso e increíble, sin dudas de los mejores momentos de mi vida musical.

¿Qué sensación te generan los shows en los cuales festejaron los 25 años de Rata?

Fue un reencuentro muy lindo porque mas allá de que dividimos nuestros caminos la sensación que nos quedó a todos fue “que bien la pasamos mientras estuvimos juntos” y así lo vivimos. Fue un día pleno de reencuentros, no sólo con nuestros amigos y compañeros, sino con un montón de gente que también formaba parte de todo eso. Estuvo bárbaro, abajo y arriba del escenario. Obvio que la gente se comió un flash increíble porque muchos no vieron nunca a la formación original, así que la fiesta fue completa.


Siendo un baterista experimentado y que llevás años dando clases, ¿qué es lo principal que debe tener un baterista para poder tener un plus a la hora de tocar?

Creo que la musicalidad, una buena forma física, y estar dispuesto a dar todo de uno mismo, entendiendo que no lo hacés solo, sino que estás creando un momento mágico con tus compañeros.

¿Qué equipamiento usás actualmente?

Actualmente estoy más que feliz con la batería que me dieron que es una “Drumcraft” Serie 8 de maple, con Classic toms de 10, 12 y 13 y  toms de pie de 14, 16 y 18. Tengo todas las medidas porque en mi trabajo de Dr. Drum tengo que tener todas las alternativas de cambio, aunque en vivo estoy usando 10, 12, 14 y 16. La batería es muy interesante, tiene mucho sustain, es muy fácil de afinar, y el rim, que hace que el tom no tenga perforación, se cuelga sobre la torre y no sobre el aro, facilitando mucho el cambio de parche. Destaco esto sobre un montón de virtudes porque me parece una de las más interesantes ventajas, además de ser un instrumento con un concepto muy moderno de audio. Los fierros que uso son los Basix línea 800, que son un gran descubrimiento ya que son fierros muy bien presentados y con muchas posibilidades de movimiento. Tenés para platos que son rectos y se convierten en boom, cañas cortas y largas, etc. En cuanto a los parches uso los Aquarian Coated que es el equivalente al arenado, que me gusta mucho ya que los había usado en la época de Rata Blanca y es un placer que hayan vuelto. Los platos son los Istanbul, que me gustan muchísimo y tienen un sonido bien turco: mitad crash, mitad gong. Tienen un ataque muy fuere y un decay muy suave en la caída. Y, en cuanto a los palos, uso los DT Music línea Gustavo Rowek, que es un modelo signature. Esta marca es nacional y me da un gran placer que acá se produzcan palos de esta envergadura, ya que no tiene nada que envidiar a aun palo de afuera. Son un mix entre los 5a y los 5b y tienen un balance muy interesante.


¿Cuáles son tus proyectos actuales y futuros?

Actualmente estoy con mi banda “Rowek”, con la que acabamos de sacar nuestro primer trabajo de estudio llamado “Grita”, que nos está trayendo muchas satisfacciones. El 10 de febrero nos presentamos con esta formación en el Cosquín Rock, el 17 de febrero en Mar del Plata, el 2 de marzo en una fecha a beneficio y el sábado 6 de abril presentamos el disco en el Roxy Live. Allí presentaremos “Grita” y además haré un repaso de toda mi carrera incluyendo en el set list temas de Rata Blanca y de V8. En forma paralela sigo con el Tributo a V8 que empezó con la idea de hacer un show en el Teatro Flores y hace ya 2 años que no paramos de girar por todo el país. Esto es posible sólo porque la gente lo quiere ver y eso me llena de alegría. Este año también empezamos una gira por todo el país con mis amigos, y grandes bateristas, Jorge Araujo y Sergio Masciotra, con los cuales hace también más de dos años que venimos dando clases abiertas de batería. Preferimos llamarlas así en vez de clínicas. Tenemos gran éxito y una gran respuesta por parte del público. Además las clases, los Dr. Drum, las producciones artísticas en mi estudio que tengo junto a Sergio Berdichevsky, gran amigo y con quien compartimos la creación de Rowek como banda. En fin, la verdad que tengo una agenda bastante movida…


Sabemos que existe un vínculo de años con FAmusic

La verdad que conozco a la gente de FAmusic hace mucho tiempo y siempre tuve una excelente relación, no sólo a nivel laboral sino también a nivel personal. Es gente muy laburadora y que siempre tira para el músico. He comprado muchísimas cosas y siempre encontré una total disposición a que las cosas se puedan realizar.

Les mando un gran abrazo a ustedes y a quienes ven la nota y los espero en los shows de Rowek.

Para los que quieran más información de la banda pueden ingresar a www.rowek.com.ar o en facebook www.facebook.com/rowekgrita



martes, 15 de enero de 2013

La columna de Martín Yubro

Lidio (usando a de ejemplo a la nota C como si fuese IV grado pero poniendolo como primero; o sea que usariamos la escala de G mayor pero comenzando desde C)

C      D      E      F#      G     A      B
    T      T       T      ST    T       T

Las tétradas resultantes de esta escala son:

Lidio
Cmaj7   D7   Em7   F#m7b5   Gmaj7    Am7   Bm7
          T      T        T              ST         T          T
Jónico
Cmaj7   Dm7   Em7   Fmaj7   G7    Am7   Bm7b5
          T         T       ST          T      T         T  


La gran diferencia entre los modos Jonico y Lidio es el IV grado, que en el modo Jonico es una cuarta justa  (F) y en el Lidio se encuentra aumentado (F#).Esta diferencia de nota modifica a los demas acordes que la contienen por ejemplo el D que en el modo jonico es Dm7  en el Lidio es D7 (ya que F# es su tercera mayor) ó G que en el modo jonico es G7 en el Lidio es G maj7 (ya que F# es su septima mayor).
El acorde característico de la escala es un Ac maj 7/ 11+ (11+ es igual a la 4ta aum pero una octava mas arriba).
En este caso hablamos de Cmaj7/11+ como acorde característico del modo.

Para escuchar al modo lo primero que podemos hacer es tocar la escala de G mayor sobre un acorde de C y resaltar el sonido que produce la nota F# sobre este. Tambien tocar un acorde de Cmaj7 y agregarle el F# al acorde.
Luego podemos grabar un acorde de C mayor ó Cmaj7 y tocar la escala de C mayor (produciremos el sonido del modo Jónico) y luego la escala de G mayor y produciremos el sonido del modo Lidio. Este tipo de comparaciones resulta muy provechosa para escuchar exactamente la diferencia sonora de los modos. Sobre la misma progresión que usamos en la explicación del  modo Jonico tocaremos las escalas lidias correspondientes.

4/4  Cmaj7     /      %      /     Dmaj7   /    %      ://

Sobre el C maj7 tocamos la escala de G y sobre el Dmaj7 tocamos la escala de A.





Martín Yubro
martinyubro@hotmail.com
http://martinyubro.bandcamp.com/
https://www.facebook.com/clasesdeguitarramartinyubro 


jueves, 10 de enero de 2013

“Tocar con Fito tiene la exigencia y el aprendizaje de una Universidad”


Dizzy Espeche, guitarrista de Fito Páez, nos cuenta cómo es tocar con el rosarino y todas las cosas que fue aprendiendo en estos años. También nos habla del sueño de haber formado su Power Trio y de todos sus proyectos como músico.


Mientras el sol y el calor de Buenos Aires no daban respiro, Dizzy nos recibió en su casa en La Paternal, que oficia también de “bunker musical” para el artista. Allí se percibe una atmósfera que denota la pasión del guitarrista por su profesión. 
Las armonías y los solos de Hendrix dan vueltas sobre una bandeja de su cuarto mientras nos muestra una a una todas sus guitarras y sus pedales de efecto. Su humildad y su pasión se amalgaman para hacerte sentir uno más dentro de su mundo. Los discos terminan de decorar la escena donde solo hay lugar para la música.
Recorriendo el pasillo de su casa, una gran habitación hace las veces de sala de ensayo y alberga distintos amplificadores, algunos estuches y una improvisada batería. Allí Dizzy ensaya con su Power Trio y explora su sonido. 
Con su amplificador encendido y un puñado de pedales, entre consejos e intercambios, los solos del guitarrista van elevándose, así como lo hacen los autos que cruzan el puente de la Avenida San Martin y que parecen mirar de reojo por la ventana de su casa como van multiplicándose los sonidos provenientes de su Stratocaster.
Conforme con su sonido y habiendo elegido las guitarras que llevará a sus shows por la provincia de San Luis, comenzamos a explorar sus vivencias como músico.

¿Cómo comenzó tu idea de ser guitarrista?

Yo quería tocar la batería cuando tenía 11 años. Me acuerdo que estaba en 6ª grado y en ese momento vivía con mis viejos en un departamento y al principio me dijeron que me busque un profesor pero después me frustraron un poco por vivir ahí. Luego me enteré que un tío tenía una guitarra criolla en un armario y no la usaba. Me la regaló y yo no podía creer tener en mis manos un instrumento musical. Ahí comencé a ir a clases de guitarra en un Instituto de Villa del Parque, donde después terminé dando clases.
Con el tiempo me compré una guitarra eléctrica y mi viejo me compró un equipo. Y al tiempo lo cambié por un Marshall Valvestate que lo reemplacé hace poco. En el 2005 lo entregué en parte de pago, puse guita encima y me compré el Marshall Bluesbreaker que tengo ahora. También, en aquel momento una prima me prestó su tarjeta de crédito y pude comprarme una Epiphone Les Paul Custom Koreana. Allí ya comencé a tocar con gente de la secundaria y gente del barrio. Por ejemplo, toqué en una banda que se llamaba “Artemisa”. Todo ese año toqué por los bares de Villa del Parque y Devoto con unos tipos que eran más grandes que yo. Hacíamos Blues y era lo único que tocaba ya que un profesor me había pasado una pentatónica y en las clases era todo “zapar”. Mi profe tocaba la batería, otro alumno el bajo y yo improvisaba arriba con la pentatónica.


Imagino que Hendrix fue tu principal influencia…

Escuchaba Hendrix a full. A eso de los 13 años lo descubrí y aluciné. También me pasó con B. B. King, con Steve Ray Vaughan y con todos esos violeros. Yo empecé más escuchando a los Stones, a los Beatles, a Creedence y me copaba con eso. Después ya descubrí a  esos violeros y me copé con eso. Me agarró luego la etapa de querer tocar jazz y estudié con un par de profesores. Fui a unas clases, aún cuando vivía en Santos Lugares, con Ricardo Pellican. Recuerdo que me tomaba el tren cada 15 días e iba. Era muy groso y recién ahora empecé de nuevo a agarrar los libros y los cuadernos que él me pasaba. Yo no entendía nada, era mucha data para mí. Él me hacía estudiar mucho y yo era muy vago para estudiar. Era muy difícil a los 17 asimilar toda la data que me tiraba y recién después de los 20 fui asimilando algo. También estudié con Jorge Puig, que toca mucho tango y me enseñó a escribir y a leer música, cosa que yo no sabía. Tomé clases también con Tito Penchi y hace unos años con Miguel Tarzia, Lucio Balduini y con Ramiro Penovi, que me enseñó mas jazz clásico.


¿Fue difícil comenzar a tomar la música como un trabajo e insertarse en ese medio?

Me acuerdo que en el 2002 empecé a laburar con la música, tocando en evento, con Ángel Duarte que es el primo del Negro García López. Ahí tocaba la guitarra un amigo mío que se cansó y empecé a tocar yo. Tocábamos siempre en el “Quilqueni” que está en el bajo, en Capital. Con esta banda tocábamos en eventos, casamientos, cumpleaños y en bares. Me pagaban una miseria pero era mi primer y único laburo que empecé a tener con la música. Después a la banda se sumó John Fleitas, que es un uruguayo, un moreno, y trajo a toda su familia que cantan muy bien y tienen muy buena presencia en el escenario. Allí comenzamos a tocar mucho y tuve mi primera gira por el interior. Eso ya habrá sido por el 2002 y tocábamos en los Casinos, en todos lados. Fuimos a La Pampa, a Neuquén y cuando íbamos a ir a Misiones no pude ir porque yo había empezado a tocar con Emmanuel Horvilleur.

¿Cómo se dio el proceso cuando comenzaste a tocar con Emmanuel Horvilleur?


En realidad primero me llamó Dante Spinetta para tocar, porque tengo un amigo que se llama Federico Bosio que tiene unas salas de ensayo por Villa Urquiza y, como yo ensayaba ahí con una banda de jazz fusión, me contactó con él. Dante había grabado un disco y tenía unos shows en México. Con él tocaba Nicolás Ibarburu que se tuvo que ir porque lo llamó Fito Páez y ahí fue que me quiso probar. Entonces fui, me probé, pero yo tenía mucho miedo y era la primera vez que tocaba con alguien así, con el hijo de uno de los ídolos del rock. Yo ni siquiera tenía una buena guitarra. Tenía una Stratocaster china que se me había roto y depende cómo se movía el mástil se afinaba. Fui con esa guitarra y con unos pedales que me prestó un amigo, que ni siquiera sabía usarlos, y toqué dos temas que me mandó a sacar y fue un fiasco. Dante me dijo que en ese momento había hablado con el Pingüino Verdirame y que él se iba a sumar a su banda. Yo tenía la sensación que además tampoco le gustó como había tocado ese día. En ese momento los hermanos Jacinto, que son amigos, me comentaron que estaban grabando el disco solista de Emmanuel y que estaban armando su banda. Lo estaban probando a Gaspar Benegas, pero él estaba en otro plan, y me llamó a mí para que me pruebe. Recuerdo que fue un domingo que me iba a ir a Hurlingham a tocar con unos amigos y justo me llama Juan Jacinto y me dice “estoy acá con Emmanuel y quiere hablar con vos”. Emma me preguntó si podía ir y colgué a mis amigos y me fui directamente. Era una época donde laburaba de fletero con unos chinos o taiwaneses que repartían volantes de los restaurantes o supermercados de todo Capital Federal y Gran Buenos Aires y aprovechaba el reparto para ir escuchando el cassette que me pasó Emma con los temas que tenía que ir sacando. Llegó un momento que tuve que dejar de trabajar con los fleteros porque empezaron a  venir shows y ensayos con Emma. Paralelamente tenía otros proyectos también. Laburar con la música era todo nuevo para mí. Emma me prestaba unos equipos y unas violas tremendas. También empecé a laburar haciendo comerciales y cobré un dinero que me sirvió para comprarme una guitarra. Me acuerdo que fui y le dije a Emma “Tengo 1500 dólares y no sé qué hacer” y él me dijo “Comprate una viola, negro, no te puedo andar prestando las violas toda mi vida” y me acompañó al centro a buscar alguna. Ese mismo día vimos una Gibson Firebird y la compramos. Es una viola muy llamativa y no hay muchas. Me la dieron con el pickguard roto y un estuche todo roto que parecía un ataúd. No lo podía creer, era una cosa impresionante. Vos tocabas y afinaba en todos lados, el sonido tenía cuerpo. Era mi primera viola “clase A” y aún hoy la tengo y me parece impresionante. Con Emma tuve la experiencia de grabar discos y cuando empezamos a grabar “Amor en polvo”, en el medio, me llamó Fito y tuve una reunión con Emma para contarle.


¿Cómo fue entrar al mundo Páez?

En el verano del 2010, cuando Fito armó la banda para “Confiá”, me probó y quedé. Primero ensayamos con la banda y con Diego Olivero que es el director y después apareció Fito y ensayamos con él. Fito es un tipo muy exigente y yo lo valoro muchísimo. Es como una escuela de aprendizaje. Yo siempre digo que los ensayos y las primeras bandas de barrio fueron como ir a jardín y preescolar, tocar con Emma era como la primeria-secundaria y tocar con Fito es como ir a la Universidad. Hay otro nivel exigencia mucho más grande y es todo como más profesional.
De lunes a viernes ensayábamos con Fito y los fines de semana me iba a la Costa para tocar los últimos shows con Emma. Pasado febrero empezó a venir Fito a los ensayos y el nivel de exigencia era mayor. Me acuerdo que en el último ensayo ya nos avisaron que había que salir a tocar y debutamos en Morón en un evento gratuito. Pegado a eso empezó la gira: Honduras, República Dominicana, Costa Rica y México. Fue un stress tremendo. Yo nunca había tenido ese training. Tocar muchos temas que jamás había escuchado ni tocado, a un ritmo muy arriba, muy profesional, viajar en avión, ir de un lado a otro… Todo eso me produjo un stress grande y me acuerdo que tuve un par de shows que casi me desmayo del cansancio porque no dormía. Pero por suerte lo superé y salió todo bien. Era una mezcla de stress y alegría porque eran los primeros shows que hacía con ¡Fito Páez!, uno de los pilares de nuestro rock.


¿Cuáles son tus proyectos actualmente?

Ahora estamos en vacaciones y parece que Fito tiene planeado grabar un disco. Yo también estoy pensando en grabar el disco de mi trio, que va a ser el primer disco de la banda.
Tengo ahora tres fechas en San Luis que me consiguió Martín Barroso. Mi banda es “el sueño del pibe”, porque yo siempre quise tener un Power Trio y hacer canciones. Armé en el 2011 el Dizzy Espeche Trio y toco con Javier Martínez en batería, que es un batero increíble que conozco desde que tengo 12 años, y con Pablo Paz en bajo. Los pibes tocan re bien y yo estoy muy contento.

También tuviste muchas participaciones en otros proyectos…


En 2007 empecé a grabar con Rafa Aracaute y siempre hay algún músico que me llama para grabar algunas violas pero me cuelgo o me olvido. Me acuerdo que grabé las guitarras en el disco de un español que se llama Chema Vargas, que hace unas canciones buenísimas y ese disco se editó en España. Ese disco se llama “Corazones raros”, donde grabé con Alejandro Castellani y con Mariano Dominguez (bajista de Kuryaki, que ahora comenzará a tocar con Andrés Calamaro). Grabé con Tony 70 el disco “Sonrisas”. Grabé un tema en el primer disco de Ser, que se llama “Hagamos lio” y con Fito en “Canciones para Aliens” y en este último DVD/CD de los 20 años de “El amor después del amor”. Fui también coautor de un corte de difusión del disco “Mordisco” de Emmanuel Horvilleur que se llama “19”, donde canta Gustavo Cerati.
En el 2009 también comencé a producir discos. El primero fue de una banda marplatense llamada “+PLUS”. Ahora estoy produciendo el disco de Luciana Giordano.

Y siempre estás dando clases…

A la vez, siempre doy clases desde que tengo 18 años. Estoy a full con eso y cuando no hay shows me sirve para subsistir. Así que el que quiera puede escribir a dizzzi@gmail.com.