viernes, 4 de abril de 2014

“Tocar es algo que ya tenía incorporado”

Tomás Sainz cuenta su carrera como músico, su pasado como baterista de Javier Malosetti, sus proyectos actuales y su amor constante por la música.



Hace unos años, en una entrevista, Javier Malosetti habló de su banda Electrohope e hizo hincapié en su baterista: “ese pibe es increíble, no tiene techo. Toca la batería y toca todas las canciones con la guitarra, con el bajo y ahora creo que toca la trompeta”. Ese joven talento era Tomás Sainz.

El tiempo hizo que Tomy Sainz adquiera aún más experiencia y desarrollara su talento como músico. Sus jóvenes 25 años parecen irreales si uno mira su trayectoria como músico y su forma de tocar. Desde chico lleva el arte en la sangre y su tranquila forma de expresarse ante cada pregunta es simplemente una extensión de la soltura que tiene a la hora de hacer lo que ama: tocar. Ese amor lo lleva a una búsqueda incansable, que va atravesando distintas aristas convirtiéndolo en multiinstrumentista.

“Mi viejo es músico y él tocó con Baglietto toda la vida, y se fue dando porque él daba clases en casa y mi vieja también labura en el espectáculo. De alguna forma, sin darme cuenta, ya estaba en ensayos y en shows. Mi viejo vio que yo tenía facilidad para la bata pero nunca forzó nada, ni me mandó a clases. Todo lo que hacía era para divertirme, de hecho tocaba con una batería que él me armaba con partes de otras baterías que estaban hechas mierda y yo acompañaba a sus alumnos. Es algo que se fue dando y por suerte se dio de una forma natural. No tengo recuerdo de no saber tocar, es algo que ya tenía incorporado adentro”, cuenta Tomás para comenzar a entender cómo su mundo gira en torno a la música desde su infancia.

¿Luego de esos años decidiste comenzar a estudiar formalmente?

Lo mejor de todo es que fui yo quien tomó la decisión de formalizar, de comenzar a estudiar. Sólo una vez intentaron mandarme a clases a eso de los 13 años y no me copé, pero empecé de más grande. Con Jorge Araujo estudié unos 5 o 6 años, con una interrupción en el medio. También estudié en la EMBA unos dos años y con Sebastián Hoyos, un profesor de tambor muy capo. Con el sólo estudié tambor, algo muy específico, y a mí me vino muy bien porque nunca entendí mucho de eso. Sólo tenía la parte de tocar de forma autodidacta, entonces estuvo bueno poder corregir cosas. Lo bueno es que mis amigos de la primaria también tocaban. Uno tocaba el bajo y era alumno de mi viejo y otro el piano, entonces era salir de la escuela y juntarnos a tocar. Con los dos nos seguimos viendo, pero con Sebastián Lans seguimos tocando en mi banda Huevo y en Román.

Siempre fuiste inquieto y estudiaste por tu cuenta…

Todo lo demás que estudié fue por mi cuenta. En la EMBA sí tuve una formación, pero siempre por mi cuenta toqué la viola, el bajo e incluso la trompeta en un momento. Es algo que me nace, y a todos nos nace en un momento, sobre todo en la bata donde no hay notas. En un momento necesitás otra cosa y la viola es lo que tengo cerca siempre y de hecho es a lo que más tiempo le dedico hace años. Hoy por hoy es lo que más hago, tocar la viola, sacar temas, componer. La viola es algo mucho más fiel porque te la llevás a los viajes y está en todos lados. Lo que más me gusta es la batería, pero disfruto mucho de tocar la viola.

¿Qué música sonaba en tu casa en tus comienzos como músico?

Siempre escuché, por mi viejo, cosas de los Beatles. Ya después me empecé a copar con cosas más rockeras. Cuando escuché “Burn” de Deep Purple me voló la cabeza y no podía creer lo que estaba escuchando. Después la cosa se fue pudriendo aún más y empecé a escuchar A.N.I.M.A.L., Sepultura y Slipknot. En un momento me había re copado con el batero de Slipknot hasta que los vi dos veces en vivo acá y no me gustó para nada. Iba con la ilusión de ver a mi ídolo y no era lo que esperaba. Por suerte ya venía escuchando Weather Report y Jaco Pastorius, que era la parte que me llegaba por el lado de mi viejo. Si bien fue algo rockero lo que me gustó, después empecé a conocer otras músicas como el jazz.


¿Hoy por hoy qué bateros te gustan más?

Los que rescato hoy por hoy son Ringo Star, por lejos, e Ian Paice. Me gustaba mucho Andy Vilanova, de Carajo, cuando estaba en A.N.I.M.A.L. e Igor Calavera de Sepultura. Después hay otros estilos donde hay bateros con más vuelo intelectual, por así decirlo. Acá en Argentina hay unos bateros tremendos ahora, todos tienen buena onda y somos todos amigos. Por suerte se dio que todos nos llevamos bien y eso es re loco.

Siento que muchas marcas y fabricantes nacionales acompañan esa unión…

Eso está bueno porque le da posibilidad a las marcas nacionales de romper un poco con el mito de “lo de afuera”, que es cierto que tienen gran nivel, pero acá se pueden hacer buenas cosas. Siento que lo mismo pasa con el nivel de músicos de nuestro país. Hace poco viajé a Nueva York y estuve viendo bandas. Allá hay un nivel tremendo, pero acá también es así.

¿Creés que el nivel de los instrumentistas mejoró a nivel mundial?

Ahora con internet es muy fácil difundir música y llegar a escuchar otras cosas, pero siempre hubo un nivel muy groso. Igual creo que es todo medio fantasioso. Es muy fácil subir un video tocando y medio “tuneado”. Siempre se puede mentir un poco. Ahora las bandas tocan con pistas, con click, y eso no me cabe. Al menos considero eso para el rock, sí puede funcionar para otras propuestas. Hay bandas como Sig Ragga, que es un grupo de Santa Fe que está buenísimo y me re cabe, que usan bastantes cosas de esas y en ese contexto me parece que está piola. Habiendo gente que se toca todo no hace falta mentir nada.



¿Con Javier diste el salto a un ámbito más profesional?

Con Javier Malosetti grabé mi primer disco entero y empecé con el tema de las giras. Antes ya había grabado cosas con mi viejo y también en una movida rarísima que fue para Rosario Central donde grabaron Baglietto, Fito y otros músicos. Con Javier empezó la etapa más profesional y empezamos a hacer giras, ya tenía asistentes y demás. Yo antes de tocar con él ya sabía todos sus temas porque era súper fan suyo. Era un ídolo total para mí y de golpe estar ahí, tocar y tener buena onda fue algo buenísimo. Tocamos más o menos 4 años o un poquito más, donde grabamos 3 discos y un DVD que nunca se editó, no sé por qué, pero lo filmamos en Vorterix.

¿Actualmente cuáles son los proyectos que tenés?

Ahora estoy con mi grupo que se llama Huevo y con el cual grabamos un disco hace dos años y recién acaba de salir. Estoy muy contento con esto porque todos somos súper amigos de la infancia. Canta Julián, el hijo de Baglietto, Sebastián Lans, con quien toco desde los 6 años, y Julián López Pisani, con quien estudié en la secundaria. Todo eso genera que haya una energía re copada y nos cagamos de risa. Con Huevo vamos a estar presentando el disco el 27 de abril en The Roxy.
El otro grupo que tengo es Román, con el que estamos haciendo un ciclo todos los miércoles en Eter Bar. Ahí tenemos muchas composiciones nuestras, hay muchos temas míos.

Además vi participaciones tuyas como sesionista y en clínicas de batería

Sí, ahora laburo con Santiago Vazquez, donde viajamos bastante. También surgen cosas ocasionales como con la banda de Esteban Sehinkman o Matías Méndez. Por otro lado vamos haciendo clínicas por todo el país con Pablo González y Gabriel Pedernera. Fuimos a San Luis, a Rosario varias veces, a Córdoba, Paraná, Bahía Blanca, La Plata y un montón de lugares más.



¿Cómo se dio el vínculo con Solidrums?

Cuando yo estudiaba con Araujo, y él usaba esas baterías, me presentó a la gente de la marca y quedamos en organizar una clínica algún día. Yo en ese momento estaba obsesionado con la batería y no pensaba en otra cosa. Finalmente me metieron en una de esas clínicas que se hicieron en Hurlingham, antes de que toque con Javier Malosetti, y pegamos onda. Al momento de presentar el primer disco de Javier yo les pedí una bata de acrílico y a partir de ahí no dejé de usarlas.

¿Qué set usás actualmente?

Tengo varios sets para distintas situaciones, pero la que más uso es una de acrílico de bombo de 22´ x 14´, que simula al 24´ x 16´, tom de 12´ y chanchas de 14´ y 16´. Ahora para tocar con Huevo estoy tramitando una más grande todavía, con bombo de 24´. Seguro sea de acrílico porque es lo que más me gusta.

¿Qué platillos tenés en ese set?

Estoy usando Dream Cymbals, una marca canadiense, y son martillados a mano. Se la re bancan y son artesanales.




Aún siendo joven tenés mucha experiencia. ¿Qué le recomendarías a quienes empiezan a estudiar?

Me parece que no hay que perder las ganas de tocar música. Hay momentos donde uno se queda estudiando algo más alienado, como cosas técnicas, pero lo más importante es tocar, tocar con gente. En la bata si estás solo es muy fácil irse a la mierda. Obvio que hay que estudiar, pero siempre hay que tocar. Cuantas más cosas hagas siempre es mejor. Hay que darle bola también a lo que pasa acá. Hay bateros tremendos como Gaby Pedernera, Pablo González, Edu Giardina, Sergio Verdinelli, Oscar Giunta, Jorge Araujo. Hay buen nivel acá y es bueno que la gente los vaya a ver y les de bola. Es un buen momento para tocar, sobre todo para alguien que empieza y vé que todos estamos unidos.

Lo que no veo que vaya de la mano con ese progreso es la calidad y cantidad de lugares para tocar.

No hay tantos lugares. O son chicos, o ya después saltás a lugares grandes. Pero es así. No importa cómo, pero hay que tocar, donde sea, como sea y en cualquier situación. De todas formas yo creo que eso va a cambiar cuando la gente empiece a ir a ver shows. La mentalidad va a cambiar porque ahora la gente viene con otra formación y todos estudian. Yo confío en que eso va a cambiar.

Veo que tenés un tatuaje de Spinetta por lo que imagino que también es un referente musical para vos.

Sí, es del disco “Un mañana”. Me fascina, es mi ídolo absoluto, y todos sus músicos también. Por suerte tuve la posibilidad de tocar con muchos de ellos. Con Matías Méndez, con Sergio Verdinelli, con Javier Malosetti y con Claudio Cardone, con quien hicimos un homenaje a Spinetta en Rosario el año pasado. En una época que el Tuerto Wirtz tocaba con Spinetta en Los socios del desierto participé en un ensayo. Ni me acuerdo cómo, tenía menos de 10 años, pero lo conocía al Tuerto por mí viejo. Spinetta es el único tipo que yo digo “quiero ser como él”. El único.







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