martes, 28 de enero de 2014

La Columna de Daniel Leonetti: Audio y Producción Musical


En nuestra entrega anterior comenzamos abordando el tema de Acustización e Insonorización, el cual iremos completando en posteriores entregas. Hoy, y debido a la amplitud de los temas que abarca el Audio y la Producción Musical, enfilamos para otro lado, comenzando a interiorizarnos en una de las “patas de la mesa” del audio:

La Ecualización (1)


Si bien incluso hasta los No Músicos tienen una idea de que es la Ecualización, podemos comenzar definiendo la ecualización como la posibilidad de modificar o equilibrar los volúmenes de las distintas frecuencias de una muestra de audio.

Dicho de una manera más técnica, un ecualizador es un control de volumen discriminado por banda de frecuencia.

En principio, los ecualizadores fueron creados para compensar las diferencias que generan los recintos acústicos, ya que la forma y tamaño de cualquier lugar en donde escuchemos música, modificará la señal original agregándole una característica sonora además de la propia reverberación. Cada recinto tiene su “huella dactilar sonora”, en cuya cuenta se incorporan hasta los elementos y personas que se encuentren dentro del mismo.
Y si no pregunten a cualquier encargado de sonido sobre las correcciones a efectuar en los conciertos a último momento. Como dice un conocido sonidista: El pogo ecualiza!!.


Volviendo a los espacios acústicos, y para hacer el cuento corto, resulta ser que la relación entre alto, ancho y largo de cualquier recinto, “distorsiona” la realidad haciendo que el resultado del audio difiera del original en cuanto a la respuesta de las diferentes frecuencias, generando así una curva de ecualización que puede definirse. De esta manera, cada recinto tendrá su “curva de ecualización”. (Fig. 1)


Fig. 1 Curva de Ecualización hipotética de un recinto.

Como dije al principio, los ecualizadores fueron creados inocentemente para velar por  la verdad en el mundo: o sea que permiten, generando y aplicando la curva justamente inversa, anular a grosso modo, la alteración del audio original, como consecuencia del tamaño y forma del recinto en que nos encontramos.

En estudios profesionales, e incluso en presentaciones en vivo de cierto nivel, se toma una muestra de la respuesta de ecualización de la sala en cuestión, y se compensa la misma para llevarla a la respuesta más plana o real posible. (Fig. 2)


Fig. 2 Contracurva a aplicar con nuestro ecualizador, una voz obtenida la Curva de Ecualización del recinto.

Nikita, Nipone

De la misma manera que con los recintos acústicos, cuando hablamos de ecualización dentro de la cadena de audio, significa que cada uno de los eslabones de la misma incorpora una curva de ecualización: los micrófonos ecualizan, o sea que significa que hay una diferencia entre lo que entra y lo que sale, de donde se desprende que el mejor micrófono, será aquél cuya curva de ecualización sea lo más cercana a “cero” posible, o sea no agrega nada y no quita nada de la toma real.
De la misma manera los monitores planos, se llaman así justamente porque su curva de ecualización tiende a ser plana, aunque termina siendo casi siempre más una expectativa que una realidad.
De esta manera y con la experiencia de hacer muchas mezclas y grabaciones, nos puede ser posible empezar a reconocer la impronta de ecualización de nuestros monitores, sala, etc. Si bien es preferible hacerse con los mejores elementos a nuestro alcance, (no sé porque pero se me hace que cuanto más plano, más caro), siempre es posible al entender como ecualiza la sumatoria de todos los elementos de nuestro HomeStudio, y así contraponer una curva de ecualización que permita a nuestro trabajo sonar lo más plano posible en el resto de los equipos del mundo.
Ovbiamente este concepto es de gran utilidad enmarcado dentro de los que llamamos HomeStudio.
La idea es que nuestros elementos sean siempre lo más “transparentes” posibles, o sea que al pasar el audio por ellos, no se vean distorsionados.

“El ecualizador debería ser como un lente que corrija  la incorrecta percepción de lo que es. Y el mejor lente es el que no es necesario”

 El Viagra del rock

Ahora bien, como el Viagra, (que fue creado para combatir dolencias cardíacas), el ecualizador fue creado para una cosa y se terminó usando para otra, ya que excepto en contados casos como puede serlo en el concepto purista inglés, (en donde la mejor grabación es la que refleja literalmente la pura realidad, con lo cual casi ni se ecualiza), normalmente se utiliza la ecualización a mansalva para maquillar el audio en cada una de sus facetas: grabación, mezcla y masterización, ya sea en cada track, o en la suma de todos ellos.

Junto con el abuso del compresor, el abuso del ecualizador arma un verdadero cóctel  que atenta contra la calidad del audio del mundo moderno.
Si alguna vez pasaste como músico por la etapa “virtuosa” en donde creías que meter más notas era sencillamente ser mejor músico, recordá que ese paralelismo en el mundo del audio se representa por abusar del uso del combo: compresor, ecualizador y reverb, en ese orden.

Entonces como decía Seneca: “Ante la duda, bajále a la perilla”


Daniel Leonetti

jueves, 16 de enero de 2014

Punk is not dead

2 minutos sigue presentando su nuevo disco “Valentín Alzheimer” y ahora lo hizo para sus fanáticos en Palermo. La banda de Valentín Alsina demostró que, pese a los años y a los cambios de formaciones, siguen más que vigentes.

“La rebeldía existe, pero el punk is dead”, afirma Massacre. Y quizá algo de razón tenga, pero solamente algo de razón, porque lo que es seguro es que el punk aún no ha muerto, al menos mientras ciertas bandas sigan tocando, girando y grabando discos, y especialmente mientras no pierdan la esencia que los llevó a ser un ícono del punk criollo.

Y es el caso de 2 minutos, la banda liderada por el “Mosca” Walter Velázquez –o simplemente “El Mosca”- que se presentó ante un Groove repleto para seguir exhibiendo su nuevo trabajo, “Valentin Alzehimer”, el 12do disco de estudio de la banda que justamente este año estará cumpliendo dos décadas.

La previa estuvo a cargo de los bailanteros Olestar, que le pusieron ritmo –y calor- a la Fiesta Clandestina con un buen repertorio a base de cumbia y cuarteto pero a una velocidad más acorde para los presentes. No es nada nuevo –para quienes conozcan a los “Me First and the Gimme Gimmes”- pero no por eso deja de ser una buena idea para darle esa vuelta de tuerca al punk argento.

Ya con un pogo que había comenzado y re-comenzado varias veces, con un DJ que sabía cómo calentar el ambiente, apareció en escena la banda que todos habían ido a ver. Y en casi una hora y media dejaron bien parado al punk, porque fueron un tema tras otro, una patada a la cabeza tras otra.

Enseguida sonó el primero de sus himnos: “Valentín Alsina”, como para que quedara bien plantada la bandera del barrio. Y siguieron con un tema tras otro –solamente intermediados con las acotaciones del “Mosca” acerca de la cámara que grababa el recital-, “Lejos estoy”,  “Canción de amor”, “Mala suerte”,  “Barricada”, “Demasiado tarde (la marcha)”, “Arrebato”, el clásico reciente “Aeropuerto”…y tantos temas que –mal que mal- todos conocen.

Cuando parecía que el cierre estaría de la mano del clásico “Ya no sos igual”, el pedido del público fue oído por el Mosca y su banda y siguieron un rato más, ya con un baño de espuma para un público que a esa altura solamente quería seguir agitando y disfrutando de una muy buena noche, en la cual podría decirse que no faltó nada, o mejor dicho, no faltó ningún tema.

2 minutos está vigente, con nuevo disco, con una banda renovada y con la energía de casi siempre, de aquellos primeros años de “Valentín Alsina”. Con nuevo disco parece decir que volvió la alegría, y también parece que no se olvidaron de cómo es esto, pese a que tengan “Alzheimer”. 

Mauricio Benitez Draghi