lunes, 28 de abril de 2014

El Luna cabe en una canción

Fito Páez presentó “Yo te amo” ante un Luna Park colmado. Sonaron todos los temas de este último disco de estudio y también los grandes éxitos de toda su carrera.



Fito Páez volvió a lucirse en un Luna Park lleno y presentó “Yo te amo”, su último disco de estudio editado el pasado año. Hubo lugar para distintos homenajes, participó Ariel Rot y sonaron los clásicos de siempre.

Pasadas las 21 horas, cuando parecía que iba a haber algunos huecos en las tribunas, el Luna Park se llenó en un puñado de minutos y comenzó a vibrar cuando las luces se apagaron. Empezaron a sonar los primeros acordes de “Yo te amo”, canción que da nombre a la última placa de estudio del rosarino, y el estadio comenzó a corear las melodías, acompañado por una inmensa cantidad de globos que empezó a volar hacia el escenario.


“Qué lindo es volver a tocar un disco entero”, disparó Fito y fueron sonando una a una las canciones que forman parte de su reciente material. En perfecto orden sonaron los 11 temas y hubo distintos homenajes. El primero de ellos fue para su hija: sonó “Margarita” y se proyectó el flamante video oficial de la canción sobre una enorme pantalla que cubrió todo el fondo del escenario. Todas las visuales del show estuvieron realizadas por Romina Ricci, quien también dirigió el video de “La canción del soldado y Rosita pasos” y marcó el momento más emotivo del show. El rosarino, que lució un traje rosa durante la primera parte del show, interpretó sentado en el piano esta obra que refleja la historia de un ex combatiente y muchos ojos se llenaron de lágrimas. El último de los homenajes fue para Gustavo Cerati a quien dedica “La velocidad del tiempo” y cuenta las historias que vivieron ambos músicos a través de los años.


Luego de un pequeño intervalo la banda volvió a saltar al escenario con “Al lado del camino”. Gastón Baremberg en batería, Mariano Otero en bajo, Juan Absatz en guitarras acústicas y teclados y Mariano Olivero en guitarra eléctrica, acompañaron a Fito que cambió su look para la segunda parte de la noche. El dúo Baremberg-Otero definió la precisión que tuvo la banda durante todo el show. Con una base sólida y poderosa, y un sonido compacto, se lucieron todos los clásicos de Fito.

Los distintos climas fueron variando, pasando de temas más rockeros como “Naturaleza sangre” y “Ciudad de pobres corazones” a baladas como “Polaroid de locura ordinaria” y “Brillante sobre el mic”, entre otros. “Hay canciones a las cuales el tiempo les hace bien y esta es una de ellas” fue la presentación que Fito le dio a “Tumbas de la gloria”, una de sus mejores obras.


“Abre” y “Bello abril” sonaron en un formato más acústico, con Fito sentado al piano y Juan Absatz escoltándolo como en toda la noche. 


El único invitado de la noche fue Ariel Rot. “Este es uno de los mejores compositores que tiene el país y no sólo lo digo yo, no estoy develando ningún misterio”, halagó el rosarino y ambos interpretaron una hermosa versión de “Giros”.


Tras otro breve intervalo, cuando parecía que el show había finalizado luego de “A rodar mi vida”, la banda volvió para interpretar tres bises. A partir de allí las plateas pasaron a ser un solo sector y toda la gente de pie se acercó al escenario para corear las canciones junto a Fito que lucía una bata blanca. Fue tal el fervor que dos personas alcanzaron a subirse al escenario y una de ellas logró abrazar al músico. Los temas elegidos para finalizar la noche fueron “El diablo en tu corazón”, “Dar es dar” y “Mariposa tecknicolor” y dejaron en claro por qué Fito es uno de los referentes más importantes de nuestro rock.


Con el público aclamándolo, cerró la noche saludando a todo el Luna Park junto a sus músicos, Romina Ricci y sus dos hijos.

Fotos: Fito Páez - Página Oficial (Facebook)

lunes, 21 de abril de 2014

Clínica de guitarra Washburn por Carina Alfie

El pasado miércoles 16 de abril, Carina Alfie llevó a cabo la clínica de guitarra Washburn en el Teatro del Viejo Consejo de San Isidro, organizada en forma conjunta por FAmusic y Tevelam (distribuidor de la marca en nuestro país).



Washburn es una prestigiosa empresa dedicada a la fabricación de instrumentos musicales que se creó en Chicago en el año 1883 y llega actualmente a nuestro país de la mano de Tevelam.
Sus instrumentos, conocidos en casi todo el mundo por su gran calidad, van desde precios muy bajos, hasta instrumentos de varios miles de pesos. Algunas de las líneas presupuestadas están en el mercado bajo la marca Lyon by Washburn y Oscar Schmidt by Washburn.


Washburn también fabrica accesorios y partes de instrumentos, además de contar con su sector especializado donde los instrumentos son hechos a la medida del usuario, y se hacen con materiales cien por ciento americanos y hechos a mano. Esta tienda se llama Washburn USA Custom Shop y ubicada en Chicago.


Carina Alfie en es una guitarrista argentina que se destaca por su creatividad y virtuosismo. Es uno de los artistas auspiciados por Washburn y sus trabajos fueron reconocidos por artistas de todo el mundo, como por ejemplo el genial Steve Vai.
Durante la demostración sonaron las siguientes canciones: "Melodic love", "Guardian angels", "A Tartagal", "Peace and love" y "Dream like". 


Luego del evento, Carina Alfie se mostró entusiasmada y agradecida por el resultado: "La clínica estuvo genial, disfrute muchísimo de todo, además de poder compartir mi música con la gente. Me gustó que los guitarristas se animaran a preguntar. Realmente fue un lindo intercambio con ellos, y que solamente se da en las clínicas, ya que no es lo mismo que en los shows. El acercamiento que hay con el público es otra cosa.
Además, poder representar a una marca tan prestigiosa como Washburn es un sueño hecho realidad para mí...y también compartir el festejo de los 20 años de FAmusic es importante ya que se han portado todos muy bien conmigo. Ahora seguiremos con las clinicas de Washburn, junto a la gente de Tevelam, por todo el pais".

jueves, 10 de abril de 2014

“En la Connor Questa entendí que no hay que destacar tu propio instrumento sino la canción”

Hernán Rupolo cuenta su historia como guitarrista, su camino junto a la Connor Questa y adelanta el próximo show de la banda en Niceto.



Los posters de Hendrix, de Paul Gilbert y de otros tantos héroes de las seis cuerdas dibujan el paisaje de un espacio plagado de música en el corazón de Martínez. Allí Hernán Rupolo estudia, enseña y sigue creando nuevas melodías que lo llevan a evolucionar constantemente como guitarrista.
Entre guitarras, humo y canciones se puede comprender como su vida fue naufragando por los distintos estilos. Desde el heavy metal al flamenco, y desde la obsesión por el virtuosismo al compromiso por la canción, el guitarrista de la Connor Questa nos explica los distintos procesos que lo llevaron a ser uno de los personajes importantes de esta marea de bandas nuevas que se sigue expandiendo en nuestro país.

¿Cómo se dieron tus comienzos como guitarrista?

Empecé a tocar a los 11 años, medio de mentira. De la nada encontré en un armario de la casa de mis viejos, que nunca miraba, una guitarra criolla perdida entre muchos trajes de Walter, mi abuelo materno que nunca llegué a conocer. Le pregunté a mis viejos, que no tocan pero escuchan mucha música, de dónde había salido esa guitarra y me contaron que mi abuelo  en su último año de vida empezó a tomar clases. Era algo muy loco. Ahí agarré la viola y empecé a tomar clases pero no le daba mucha bola. Recién a los 15 años hice un click cuando empecé a escuchar más metal y todo eso. Al principio hice un año de criolla y ya después me metí en la eléctrica de lleno y me compré una Jackson. Había tenido una “Prince” que me duró medio año y en esa época me salió $100.

¿Fue todo como un juego o enseguida tomaste clases?
Empecé a sacar canciones escuchando discos, pero cuando tomé clases con Martín Knye me abrió el cerebro. No era sólo por el lado del metal. Con él también empecé flamenco y me abrió la cabeza para el blues, fusión y para un montón de cosas. Yo de chico ya venía tocando algunos tangos y siempre intenté meter todos los estilos que me fueran posibles. He grabado discos de reggae, funk,  metal, pop,  de todo. Cuantos más colores se pueda tener, mejor. Dicen que ya todo está inventado pero no. Siempre hay una manera de inventar algo nuevo, tomando todos los colores que uno pueda y uniéndolos. Aunque al principio afloren mucho las influencias siempre se puede lograr algo nuevo.


Al ver uno los videos tuyos en youtube se percibe una búsqueda propia, más allá de las clases…

Ahora que doy clases me doy cuenta que muchas cosas las aprendí yo solo investigando. Martín fue una ayuda tremenda desde el lado técnico, porque es muy organizado y estructurado para prepararte y tener un piso técnico que te permita tocar lo que vos quieras. En ese sentido me preparó de una manera que me ahorró años de estudio. Con él en 2 años avancé lo que hubiera avanzado solo en 5  y tocaba 5 horas todos los días. Durante dos años me quemé el cerebro de esa forma, organizándome rutinas todos los días como si cursara en la facultad.

¿Hace mucho que das clases?

Lo empecé a hacer a la vez en que tomaba clases con Martín. Me pareció raro hacerlo a los 17 años, pero es muy importante porque te ayuda a ver y a repasar todas las cosas fundamentales que uno va dejando en el camino. Así mantenés siempre fresco todo. Igual considero que lo mejor, además de tener una guía y el hambre de querer tocar todo, es tocar con músicos. Siempre hay que intentar tocar con todos los músicos que puedas y practicar. Yo en esa época tenía tres bandas. Después te das cuenta que lo mejor es depositar la energía en uno o dos proyectos, como mucho. La otra parte importante es escuchar mucha música, incluso la que no te gusta tocar. A mí el jazz o el fusión me aburren para tocar, pero escucharlo te da una data nueva.


¿Qué destacás dentro del aprendizaje de alguien que comienza?

Lo más importante es siempre juntarte con músicos que sean más grandes y mejores que vos. La parte de investigación propia también es vital para aprender. No hay que encerrarse en las reglas que están impuestas. Siempre hay que abrirse a cosas nuevas, a afinaciones abiertas, a nuevos acordes, a inventar sobre otros terrenos que te den originalidad.

¿Cuántas bandas pasaron en tu vida hasta llegar a la Connor Questa?

La Connor Questa nace en 2010 y antes toqué en un montón de bandas. Con Jhones, el bajista de la Connor, tocamos juntos un montón de tiempo. Con él estudiamos el primario y el secundario juntos, y ya habíamos tocado en una banda de heavy que ni llegó a tener nombre y en una de funk. Toqué además en una banda de metal progresivo que se llamaba Overdrive y nos fue bastante bien. Llegamos a ser teloneros de Symphony X en el Teatro de Flores. El problema de esa banda, desde el principio, era que nunca dábamos con el cantante indicado para el estilo. Después de eso encaré mi primer proyecto “solista” donde hacía blues y empecé a cantar un poco. A la vez me metí en Rootstica, que era una banda de reggae-dub-rock, donde me volví a reencontrar con Jhones. Pegado a eso empecé en la Connor. Todo se dio en el 2010.


¿Cómo llegaste a conocer a Marilina Bertoldi?

A Marilina la tenía de vista pero la conocí y hablé por primera vez de casualidad en un viaje en subte. Al tiempo ella se quedó sin guitarrista y me llamó a mí. Cuando entré tenía pensado ir como sesionista, porque entré un mes antes de que se grabara el disco, y le metí todo lo mío. Lo tomé como un desafío de ser músico sesionista porque era un estilo que yo no tocaba. Era una mezcla entre pop, funk y rock, y yo venía del blues y del metal. Apenas empezamos a trabajar con eso vimos que había química musical y me dediqué de lleno. El primer disco fue bajo el nombre Marilina Connor Questa (aludiendo a una frase de su abuela cuando le consultaba como iban las cosas “con su orquesta”) y para el segundo disco decidimos cambiarlo a Connor Questa, ya que representa más la actualidad siendo una banda de rock, donde cada uno de nosotros sabe que rol cumplir y más acorde con el camino que sigue “Fuego Al Universo” . En la Connor aprendí a cumplir un papel de arreglador. Siempre fui única viola en las bandas donde estuve y acá tuve que hacer otras cosas tratando de expandir las armonías, generando matices o incrementando las intensidades de ciertos momentos. Aprendí de esta forma a laburar para la canción y no para el instrumento. Ahí entendí que no hay que destacar tu propio instrumento sino la canción. De esa forma, cuando naturalmente llega el momento de tu instrumento se nota mucho más, porque no es repetitivo ni insistente. No está bueno tirar 600 mil notas todo el tiempo. Tocás una canción y en el momento indicado, cuando tocás las notas que hay que tocar, resalta mucho más.


¿Hoy por hoy lo más importante para vos es la Connor Questa?

Sí, la prioridad para los cuatro músicos de la banda es la Connor. También tengo mi proyecto solista pero siempre está relegado a los tiempos libres que me queden. Por suerte nos está yendo muy bien, se está ampliando cada vez más el público y estamos tocando todos los fines de semana, y por todo el país.

¿A qué adjudicás ese crecimiento?

Yo creo, primero, que es porque la propuesta es interesante, y a nuestro parecer la banda  tiene un sonido origina. Y segundo por el arduo laburo que hicimos nosotros en estos tres años. Se formó todo en 2010 y apenas empezamos grabamos cuatro videos, antes de sacar el disco. Fueron todos videos caseros, bien hechos, con buenas ideas. Con una cámara la cosa era hacer algo realmente bueno y que llame la atención. El primer video de todos es un plano secuencia que es todo una misma toma. El segundo video fue hacer la filmación jugando con las velocidades, tocando a la mitad, al doble y meter todo. Además el uso de las redes sociales fue vital porque desde youtube y facebook se movió mucho la banda. Siempre la impronta fue tocar donde sea, en las condiciones que sea. Desde el principio tocamos en todos los lugares donde pudimos, yendo al interior y durmiendo en la casa de alguien que nos hacía la onda para poder tocar. Con el facebook es mucho más fácil porque te conectás con las bandas del interior y hacíamos un intercambio. Ahora nos pasa que nos están llamando directamente productores o bandas que quieren que vayamos a tocar, y eso nos parece increíble. En Córdoba, Santa Fe, La Rioja, Rafaela, San Juan, Paraná, Rosario y en Gran Buenos Aires ya hemos abierto varios lugares. Nunca nos quisimos centrar en un solo lugar.

¿Fue fácil encontrar espacios donde tocar?

En ese momento no, pero ahora veo un pequeño resurgimiento. Está pasando algo muy raro ahora, que yo en mi adolescencia no lo viví, que es que la gente está yendo a ver bandas under. Antes no pasaba eso; la gente veía a las bandas under gratis  porque tocaban antes en un festival. Nosotros notamos ese cambio porque vemos que desde el segundo o tercer show hay gente que viene siempre, no importa en donde toquemos. Hay gente que se ha ido desde Buenos Aires a La Rioja para vernos. Hay un par de delirantes que han venido a Córdoba y a Rosario, y eso para mí es una locura. Yo en mi adolescencia jamás hubiera hecho eso y ahora veo que hay un gran apoyo.


¿Creés que las bandas cuidan más la estética de su música en algún punto?

Se le volvió a dar bola a la canción en el buen sentido, no a la canción de fogata. Por suerte somos muy amigos de las bandas que están surgiendo y todas tienen un camino muy distinto. Antes yo veía que había formatos muy repetitivos. Hoy en día cada banda tiene su propio estilo y todas buscan sonar distinto. A pesar de que a la mayoría nos une el grunge, todas tienen identidades distintas. En la Connor pasa eso, porque vinimos de caminos distintos: Marilina escucha muchas cantantes negras de los 50 o 60´s y rock, yo vengo del palo del blues y metal, Jhones tiene mucho del funk y reggae y Agustín tiene mucho hard rock y metal. Esa unión de cosas genera algo nuevo.

¿Tu proyecto solista en qué estado se encuentra?
Como lo estoy tomando con calma, porque no tengo ni el tiempo ni la plata, la idea es recién este año poder grabar un disco. Va más por otro lado, ya que es algo que no haría en la Connor. Lo mío va por el lado del blues, del delta blues, mezclado con lo eléctrico y con un lado más podrido. Las canciones son pensadas para trío pero no descarto agregar otros instrumentos ocasionalmente.  Pero me salen en principio canciones pensadas para bajo, batería y sobre las cuales canto y toco la viola. Dentro de poco pienso grabar y subirá la web algunos adelantos.

¿Esto tiene más que ver con esos violeros que escuchabas en tus comienzos?

Empecé muy cerrado en el metal y por ende las primeras influencias fueron Dave Mustaine, Marty Friedman, Dimebag Darrell, Randy Rhoads y Zakk Wylde. Ya después me metí en toda la movida de los violeros virtuosos de los 80 y el que más me impresionó fue Jason Becker. Hoy ya me cuesta escuchar un disco entero de un guitarrista que no tenga una canción. Cuando entré en el blues, bajé unos decibeles, y me metí con Steve Ray Vaughan de lleno y ahora estoy escuchando Johnny Winter y todos los bluseros negros del delta blues. Skip James, Robert Johnson, Blind Willie Johnson y toda esa movida de violeros me parten el cerebro. Después pasé por las bandas clásicas y aprendí mucho de David Gilmour que me parece el mejor estirador del universo. Después está Pappo y el Tano Marciello, que junto a Juanjo Dominguez me parecen los dos mejores violeros del país. Paco de Lucía también me inspiró en la época que tocaba mucho flamenco y no puedo dejar de nombrar al negro Hendrix, obviamente. De todas formas llegué tarde a Hendrix porque al principio no lo captás porque entrás en la boludez de pensar que los discos tienen “audio viejo”. Pero cuando te llega como tocaba, como componía, te das cuenta que el tipo estaba adelantado 30 años. Jimmy Page y Tony Iommi son los dos grandes rifferos. Después me metí mucho con otros compositores que no tienen directamente que ver con la viola: Bob Dylan, Tom Waits, Leonard Cohen. Esos me ayudaron mucho a hacer lo que estoy haciendo, sobre todo para cantar.



La mayoría de tus guitarras, sobre todo las que usás en vivo, son de JEG Luthier. ¿Cómo llegaste a establecer ese vínculo con él?
Los laburos del tipo son tremendos y no solo es mi lutier, sino un gran amigo. Él me hizo una Les Paul de 7 cuerdas, una guitarra flamenca, una Les Paul Zakk Wylde, una Telecaster, una Acústica de 12, una Stratocaster Fernandez R8 que le hizo el mango JEG, y que tiene mucho de Fender sobre todo por la pala grande, y una Les Paul Black Beauty. Deposito toda mi confianza en Javier ya que es un gran profesional, sabe de mis gustos y lo que busco en el audio y siento que al igual que yo está comprometido al 100% con su pasión, que es el arte de crear instrumentos. Además de las JEG, tengo una Gibson SG Standard que es un caño y tiene un sustain tremendo. Ahora en vivo estoy usando la Les Paul negra y tengo la SG de Backup. La de 7 cuerdas y la Zakk Wylde no las puedo usar con la Connor porque tienen un sonido muy heavy (por los EMG activos) y yo meto muchos sonidos limpios y arreglos sobre momentos abajo. Por eso, ahora quizás me haga otra viola más, que va a ser un modelo distinto a todas las que tengo y va a ser modelo propio.


Usás mucho la Black Beauty en vivo…
Desde el primer momento en que la tuve en mis manos, me enamore, de su audio, de su comodidad para acompañar mi manera de tocar. La Black Beauty tiene un “relic” que le pedí que haga y un rebaje atrás como el que yo le había hecho a la strato con la escofina. Quedó toda despintada y con el rebaje quedó muy cómoda para tocar sentado también, a la vez le dio otro audio. Yo al principio le pedí que sea bien opaca. A diferencia de la Zakk Wylde, que tiene maple y mango de tres piezas, ésta tiene todo caoba y es súper oscura. Con los micrófonos 57 y 57plus se hizo una buena combinación. El rebaje le sacó un poco de pasta y logró un audio Les Paul pero por momentos sonando como una strato de acuerdo a la combinación que haga.

¿Qué usas en cuanto a amplificadores y efectos?
Tengo dos seteos que dependen del lugar. Cuando un lugar se la banca y puedo llevarlo, mi set ideal es un Marshall JCM800 que lo uso en el Hi con el pre-amp a  pleno y con un Line Selector uso el limpio de otro equipo, que en general es prestado. Si voy a un lugar más chico uso un Orange Dual Terror y la caja 4 x 12 Marshall, que se la re banca. En este último caso uso la distorsión y el canal limpio del Dual Terror, un Eventide Time Factor, un Super Chorus de Boss, Un Tsunami de Cluster o un Goliat de D´Amico como booster, un Wah Wah Dunlop 535q, un Whammy 5 y el afinador. En mi proyecto solista uso además el Rotovibe y el Octavio de Dunlop. Ahora estoy testeando un Mesa Boogie V-Twin Preamp.



¿Qué proyectos tienen este año con la Connor?

Sacamos el segundo disco en marzo de 2013 y lo llevamos a bastantes lugares del país. Para este año la idea es abrir zonas nuevas,  repetir la mayoría de los lugares que podamos y finalmente poder distribuir nuestros discos en todo el pais. El año pasado fue un año tremendo porque, siendo el segundo año de vida de la banda, abrimos con un show en La Trastienda sin haber sacado el disco, a mitad de año hicimos un Roxy y cerramos en Niceto festejando los 3 años. Ya este año arrancamos con los festivales Nuevo Sonido Argentino y por primera vez en el Cosquín Rock. Tenemos pensado abrir zonas nuevas en Gran Buenos Aires y el interior del país. También tenemos un show fuerte en Capital que es el  17 de abril en Niceto. Recién para fin de año vamos a estar pensando en un disco nuevo porque somos bastantes inquietos.

¿Qué propuesta tiene el show del 17 en Niceto?


El 17 en Niceto es nuestra primer fecha en Capital Federal en el 2014. Excluyendo Vorterix que fue dentro de un festival, esta fecha es 100% nuestra y vamos a presentar el video oficial  de “Cliché”, segundo corte de “Fuego Al Universo”. Aparte de esto como incentivo, van a haber muchas sorpresas en lo que respecta a show, audio y visual. ¡Estamos muy entusiasmados y muy manija para que sea el día del show!




viernes, 4 de abril de 2014

“Tocar es algo que ya tenía incorporado”

Tomás Sainz cuenta su carrera como músico, su pasado como baterista de Javier Malosetti, sus proyectos actuales y su amor constante por la música.



Hace unos años, en una entrevista, Javier Malosetti habló de su banda Electrohope e hizo hincapié en su baterista: “ese pibe es increíble, no tiene techo. Toca la batería y toca todas las canciones con la guitarra, con el bajo y ahora creo que toca la trompeta”. Ese joven talento era Tomás Sainz.

El tiempo hizo que Tomy Sainz adquiera aún más experiencia y desarrollara su talento como músico. Sus jóvenes 25 años parecen irreales si uno mira su trayectoria como músico y su forma de tocar. Desde chico lleva el arte en la sangre y su tranquila forma de expresarse ante cada pregunta es simplemente una extensión de la soltura que tiene a la hora de hacer lo que ama: tocar. Ese amor lo lleva a una búsqueda incansable, que va atravesando distintas aristas convirtiéndolo en multiinstrumentista.

“Mi viejo es músico y él tocó con Baglietto toda la vida, y se fue dando porque él daba clases en casa y mi vieja también labura en el espectáculo. De alguna forma, sin darme cuenta, ya estaba en ensayos y en shows. Mi viejo vio que yo tenía facilidad para la bata pero nunca forzó nada, ni me mandó a clases. Todo lo que hacía era para divertirme, de hecho tocaba con una batería que él me armaba con partes de otras baterías que estaban hechas mierda y yo acompañaba a sus alumnos. Es algo que se fue dando y por suerte se dio de una forma natural. No tengo recuerdo de no saber tocar, es algo que ya tenía incorporado adentro”, cuenta Tomás para comenzar a entender cómo su mundo gira en torno a la música desde su infancia.

¿Luego de esos años decidiste comenzar a estudiar formalmente?

Lo mejor de todo es que fui yo quien tomó la decisión de formalizar, de comenzar a estudiar. Sólo una vez intentaron mandarme a clases a eso de los 13 años y no me copé, pero empecé de más grande. Con Jorge Araujo estudié unos 5 o 6 años, con una interrupción en el medio. También estudié en la EMBA unos dos años y con Sebastián Hoyos, un profesor de tambor muy capo. Con el sólo estudié tambor, algo muy específico, y a mí me vino muy bien porque nunca entendí mucho de eso. Sólo tenía la parte de tocar de forma autodidacta, entonces estuvo bueno poder corregir cosas. Lo bueno es que mis amigos de la primaria también tocaban. Uno tocaba el bajo y era alumno de mi viejo y otro el piano, entonces era salir de la escuela y juntarnos a tocar. Con los dos nos seguimos viendo, pero con Sebastián Lans seguimos tocando en mi banda Huevo y en Román.

Siempre fuiste inquieto y estudiaste por tu cuenta…

Todo lo demás que estudié fue por mi cuenta. En la EMBA sí tuve una formación, pero siempre por mi cuenta toqué la viola, el bajo e incluso la trompeta en un momento. Es algo que me nace, y a todos nos nace en un momento, sobre todo en la bata donde no hay notas. En un momento necesitás otra cosa y la viola es lo que tengo cerca siempre y de hecho es a lo que más tiempo le dedico hace años. Hoy por hoy es lo que más hago, tocar la viola, sacar temas, componer. La viola es algo mucho más fiel porque te la llevás a los viajes y está en todos lados. Lo que más me gusta es la batería, pero disfruto mucho de tocar la viola.

¿Qué música sonaba en tu casa en tus comienzos como músico?

Siempre escuché, por mi viejo, cosas de los Beatles. Ya después me empecé a copar con cosas más rockeras. Cuando escuché “Burn” de Deep Purple me voló la cabeza y no podía creer lo que estaba escuchando. Después la cosa se fue pudriendo aún más y empecé a escuchar A.N.I.M.A.L., Sepultura y Slipknot. En un momento me había re copado con el batero de Slipknot hasta que los vi dos veces en vivo acá y no me gustó para nada. Iba con la ilusión de ver a mi ídolo y no era lo que esperaba. Por suerte ya venía escuchando Weather Report y Jaco Pastorius, que era la parte que me llegaba por el lado de mi viejo. Si bien fue algo rockero lo que me gustó, después empecé a conocer otras músicas como el jazz.


¿Hoy por hoy qué bateros te gustan más?

Los que rescato hoy por hoy son Ringo Star, por lejos, e Ian Paice. Me gustaba mucho Andy Vilanova, de Carajo, cuando estaba en A.N.I.M.A.L. e Igor Calavera de Sepultura. Después hay otros estilos donde hay bateros con más vuelo intelectual, por así decirlo. Acá en Argentina hay unos bateros tremendos ahora, todos tienen buena onda y somos todos amigos. Por suerte se dio que todos nos llevamos bien y eso es re loco.

Siento que muchas marcas y fabricantes nacionales acompañan esa unión…

Eso está bueno porque le da posibilidad a las marcas nacionales de romper un poco con el mito de “lo de afuera”, que es cierto que tienen gran nivel, pero acá se pueden hacer buenas cosas. Siento que lo mismo pasa con el nivel de músicos de nuestro país. Hace poco viajé a Nueva York y estuve viendo bandas. Allá hay un nivel tremendo, pero acá también es así.

¿Creés que el nivel de los instrumentistas mejoró a nivel mundial?

Ahora con internet es muy fácil difundir música y llegar a escuchar otras cosas, pero siempre hubo un nivel muy groso. Igual creo que es todo medio fantasioso. Es muy fácil subir un video tocando y medio “tuneado”. Siempre se puede mentir un poco. Ahora las bandas tocan con pistas, con click, y eso no me cabe. Al menos considero eso para el rock, sí puede funcionar para otras propuestas. Hay bandas como Sig Ragga, que es un grupo de Santa Fe que está buenísimo y me re cabe, que usan bastantes cosas de esas y en ese contexto me parece que está piola. Habiendo gente que se toca todo no hace falta mentir nada.



¿Con Javier diste el salto a un ámbito más profesional?

Con Javier Malosetti grabé mi primer disco entero y empecé con el tema de las giras. Antes ya había grabado cosas con mi viejo y también en una movida rarísima que fue para Rosario Central donde grabaron Baglietto, Fito y otros músicos. Con Javier empezó la etapa más profesional y empezamos a hacer giras, ya tenía asistentes y demás. Yo antes de tocar con él ya sabía todos sus temas porque era súper fan suyo. Era un ídolo total para mí y de golpe estar ahí, tocar y tener buena onda fue algo buenísimo. Tocamos más o menos 4 años o un poquito más, donde grabamos 3 discos y un DVD que nunca se editó, no sé por qué, pero lo filmamos en Vorterix.

¿Actualmente cuáles son los proyectos que tenés?

Ahora estoy con mi grupo que se llama Huevo y con el cual grabamos un disco hace dos años y recién acaba de salir. Estoy muy contento con esto porque todos somos súper amigos de la infancia. Canta Julián, el hijo de Baglietto, Sebastián Lans, con quien toco desde los 6 años, y Julián López Pisani, con quien estudié en la secundaria. Todo eso genera que haya una energía re copada y nos cagamos de risa. Con Huevo vamos a estar presentando el disco el 27 de abril en The Roxy.
El otro grupo que tengo es Román, con el que estamos haciendo un ciclo todos los miércoles en Eter Bar. Ahí tenemos muchas composiciones nuestras, hay muchos temas míos.

Además vi participaciones tuyas como sesionista y en clínicas de batería

Sí, ahora laburo con Santiago Vazquez, donde viajamos bastante. También surgen cosas ocasionales como con la banda de Esteban Sehinkman o Matías Méndez. Por otro lado vamos haciendo clínicas por todo el país con Pablo González y Gabriel Pedernera. Fuimos a San Luis, a Rosario varias veces, a Córdoba, Paraná, Bahía Blanca, La Plata y un montón de lugares más.



¿Cómo se dio el vínculo con Solidrums?

Cuando yo estudiaba con Araujo, y él usaba esas baterías, me presentó a la gente de la marca y quedamos en organizar una clínica algún día. Yo en ese momento estaba obsesionado con la batería y no pensaba en otra cosa. Finalmente me metieron en una de esas clínicas que se hicieron en Hurlingham, antes de que toque con Javier Malosetti, y pegamos onda. Al momento de presentar el primer disco de Javier yo les pedí una bata de acrílico y a partir de ahí no dejé de usarlas.

¿Qué set usás actualmente?

Tengo varios sets para distintas situaciones, pero la que más uso es una de acrílico de bombo de 22´ x 14´, que simula al 24´ x 16´, tom de 12´ y chanchas de 14´ y 16´. Ahora para tocar con Huevo estoy tramitando una más grande todavía, con bombo de 24´. Seguro sea de acrílico porque es lo que más me gusta.

¿Qué platillos tenés en ese set?

Estoy usando Dream Cymbals, una marca canadiense, y son martillados a mano. Se la re bancan y son artesanales.




Aún siendo joven tenés mucha experiencia. ¿Qué le recomendarías a quienes empiezan a estudiar?

Me parece que no hay que perder las ganas de tocar música. Hay momentos donde uno se queda estudiando algo más alienado, como cosas técnicas, pero lo más importante es tocar, tocar con gente. En la bata si estás solo es muy fácil irse a la mierda. Obvio que hay que estudiar, pero siempre hay que tocar. Cuantas más cosas hagas siempre es mejor. Hay que darle bola también a lo que pasa acá. Hay bateros tremendos como Gaby Pedernera, Pablo González, Edu Giardina, Sergio Verdinelli, Oscar Giunta, Jorge Araujo. Hay buen nivel acá y es bueno que la gente los vaya a ver y les de bola. Es un buen momento para tocar, sobre todo para alguien que empieza y vé que todos estamos unidos.

Lo que no veo que vaya de la mano con ese progreso es la calidad y cantidad de lugares para tocar.

No hay tantos lugares. O son chicos, o ya después saltás a lugares grandes. Pero es así. No importa cómo, pero hay que tocar, donde sea, como sea y en cualquier situación. De todas formas yo creo que eso va a cambiar cuando la gente empiece a ir a ver shows. La mentalidad va a cambiar porque ahora la gente viene con otra formación y todos estudian. Yo confío en que eso va a cambiar.

Veo que tenés un tatuaje de Spinetta por lo que imagino que también es un referente musical para vos.

Sí, es del disco “Un mañana”. Me fascina, es mi ídolo absoluto, y todos sus músicos también. Por suerte tuve la posibilidad de tocar con muchos de ellos. Con Matías Méndez, con Sergio Verdinelli, con Javier Malosetti y con Claudio Cardone, con quien hicimos un homenaje a Spinetta en Rosario el año pasado. En una época que el Tuerto Wirtz tocaba con Spinetta en Los socios del desierto participé en un ensayo. Ni me acuerdo cómo, tenía menos de 10 años, pero lo conocía al Tuerto por mí viejo. Spinetta es el único tipo que yo digo “quiero ser como él”. El único.